|
|
|
Una Tradición Milenaria que en el siglo XXI sigue siendo tan válida como en sus orígenes. |
|
Desde que el hombre hizo su aparición sobre la
Tierra, no ha cesado de enfrentarse a los misterios de su propia naturaleza y de
su entorno. Durante millones de años, su existencia estuvo prácticamente
dedicada a la preservación de su bienestar físico. Al comienzo de la
prehistoria, vivía día y noche con el temor de ser devorado por los animales
salvajes, de perecer bajo el desencadenamiento de los fenómenos naturales o de
morir a manos de sus semejantes. Incapaz de reflexionar sobre el pasado para
mejor prever el futuro, su memoria y su imaginación eran prisioneras de un
eterno presente. En cuanto al espacio en el que se movía su actividad
consciente, no sobrepasaba el marco de lo que podía percibir por medio de sus
sentidos.
|
|
|
|
El horizonte marcaba los límites de su mundo terrestre, y la
bóveda de los cielos, los de su universo celeste. Pero el tiempo es el maestro
de la evolución y, finalmente, después de numerosas generaciones, el hombre
consiguió ejercer cierto dominio sobre su entorno y acceder definitivamente a un
estatus superior al de los animales.
El
descubrimiento del fuego fue uno de los acontecimientos que más revolucionaron
la vida del hombre prehistórico. En el plano físico y emocional, esto, le
proporcionó un bienestar inestimable, ya que le permitió vencer las tinieblas,
calentarse cuando tenía frío, cocinar los alimentos, protegerse más eficazmente
contra los depredadores y prolongar sus horas de vigilia. Progresivamente el
temor en el que vivía constantemente fue dando lugar a un sentimiento de
seguridad. Fue entonces, cuando comenzó a meditar sobre el lugar que ocupaba en
el Universo y sobre el sentido que debía dar al nacimiento, a la vida y a la
muerte. Poco a poco fue adquiriendo consciencia de sí mismo y, sin apenas darse
cuenta, dio sus primeros pasos por el sendero del "Conócete a ti mismo". Es
decir, se inició a su alma y puso las bases de su propia evolución espiritual.
|
|
 |
| |
Muchos siglos han pasado desde que el hombre comprendió por primera vez que era algo
más que una simple criatura viviente. Sin embargo, continúa preguntándose sobre
el cómo y el porqué de su existencia, y estas preguntas no siempre encuentran
una respuesta satisfactoria. Es cierto que la ciencia ahora puede explicar la
mayor parte de los procesos fisiológicos que hacen posible la vida orgánica de
un ser humano desde el momento de su concepción hasta su muerte. Pero no siempre
es capaz de responder a los misterios que rodean el momento último, cuando el
soplo vital le abandona. Sin embargo, la partida hacia el más allá constituye
uno de los mayores enigmas planteados a la consciencia humana, aunque todo
hombre, desde lo más profundo de su ser, sabe que esa partida corresponde al
retorno a un estado que ya le era conocido antes de nacer. |
|
|
| |
Del Nacimiento a la Muerte |
|
|
Sabemos que la felicidad del mañana, depende de nuestro comportamiento con nuestros semejantes y esa satisfacción es la que nos llavaremos en el momento de nuestra transición. |
|
No existe
duda alguna de que para nuestros lejanos antepasados el nacimiento de un niño
era un acontecimiento milagroso que suscitaba a la vez admiración y temor. Al no
poder comprenderlo y explicarlo, lo atribuían a un espíritu invisible que había
tomado posesión del cuerpo de la mujer y que lo abandonaba en un momento dado
bajo la forma de un bebé. El fenómeno de la muerte debía d  ejarles más perplejos
todavía, ya
que, a la inversa del nacimiento, iba acompañado de una inercia total
y definitiva. Imagine lo que debió sentir el hombre primitivo al encontrarse
por primera vez ante el nacimiento de un niño o ante la muerte de uno de los
suyos! Debió constituir, en ambos casos, una experiencia interior considerable.
Después, nunca más pudo olvidar lo que había visto y experimentado en aquellas
circunstancias.
En el
transcurso de la evolución, el hombre fue comprendiendo que también él había
nacido de la misma manera. Por otra parte, llegó igualmente a la conclusión de
que también él moriría un día y caería en ese estado de inercia total que había
observado en otros. Probablemente, el hecho de haber nacido no le asustaba tanto
como el presentimiento de que algún día moriría, pues sabía lo que ocurría en el
primero de los casos, pero no tenía idea alguna de lo que acontecía después del
segundo. De esta manera, el final de la vida terrenal se convirtió para el
hombre en uno de los mayores misterios y aún continúa siéndolo. Esto se debe a
que encierra la respuesta a la pregunta fundamental que todos nos planteamos, es
decir: ¿Por qué estamos en la Tierra? |
|  |
| |
Las cadenas del materialismo |
|
|
Para los que niegan la dimensión espiritual del ser humano, todo lo que ocurre en la vida es incoherente e injusto |
|
Quienes tienen una visión
materialista de la existencia enfocan la muerte de una manera
negativa, pues no ven razón alguna para entenderla de otra forma.
Consideran que el hombre no es sino una masa de carne mantenida con
vida por ciertas funciones físico-químicas y controlada por una
consciencia puramente cerebral; limitan la vida humana a un proceso
mecánico que conoce su fin definitivo con la parada de dichas
funciones y con la aniquilación de esta forma de consciencia. O
dicho de otra manera, piensan que la muerte sólo conduce a la nada.
Además, creen que el destino de cada ser humano está determinado
por el azar y que la humanidad evoluciona únicamente bajo el efecto
de un instinto colectivo de supervivencia.
Para
quienes niegan la dimensión espiritual del ser humano, todo lo que
ocurre en el escenario de la existencia es incoherente e injusto. Si
piensan así, es porque viven constantemente en el mundo de los
efectos, ignorando por completo el reino de las causas. Dicho de
otra forma, no comprenden que el universo de las ilusiones y de las
apariencias en el que permanecen, procede de una Realidad Cósmica
donde reina el orden y la armonía. No son capaces de captar que lo
visible, es la proyección de lo invisible y que lo finito no es
sino una emanación de lo infinito. Prisioneros de la razón,
construyen su vida sobre bases que juzgan racionales pero que, sin
embargo, son tan frágiles como los ideales que persiguen. Ven
transcurrir sus días inexorablemente, y avanzan con angustia hacia
la muerte, ese fin último que ha sido como una cruz a lo largo de
su vida. |
|
 |
|
|
|
Desde
hace muchos siglos, los rosacruces afirman que el destino humano sobrepasa
ampliamente el intervalo consciente que transcurre entre el nacimiento y eso que
llamamos impropiamente "muerte". Para ellos, el ser humano es dual. En efecto,
posee un alma que se encarna en el niño cuando inspira por primera vez, haciendo
de él una entidad viva y consciente. En el instante en que el hombre exhala su
último suspiro, el alma se disocia del cuerpo que había animado a lo largo de la
vida terrenal y se reintegra a la Gran Alma Universal. Así, la muerte no es sino
el paso de un plano de consciencia a otro, el retorno a una condición que
existía antes de la encarnación en este mundo de materia. O dicho de otra
manera, corresponde a un renacimiento en el mundo invisible. Esta es la razón de
que los rosacruces consideren que la muerte no es más que una transición del
alma y que constituye uno de los dos aspectos de la Vida Universal.
Cuando el
alma abandona el cuerpo físico en el momento de la transición, continúa siendo
consciente de su identidad y se eleva gradualmente hacía su nueva morada guiada
por seres espirituales dedicados a este fin, así como por las almas de los seres
queridos que ha conocido en la tierra. Cuando alcanza el plano de consciencia
que corresponde a su evolución, continúa en lo invisible una existencia basada
en las grandes lecciones extraídas de la vida terrenal que acaba de abandonar. A
partir de este balance y de los decretos kármicos resultado del mismo, establece
las grandes líneas de su próxima encarnación. Si decimos "próxima encarnación"
es porque es difícil imaginar la muerte de una forma mística sin asociarla a la
convicción de que irá seguida de otras vidas en la Tierra.
|
|
 |
|
|
| |
Basta con
observar la actitud de nuestros contemporáneos ante la muerte para comprender
que la idea que se hacen de ella influye considerablemente en su manera de
vivir. Sin embargo, lo que la hace tan angustiosa para la mayoría de las
personas, es lo poco que saben de ella debido a la ignorancia en la que se les
mantiene. Por eso es tan importante romper los tabúes que rodean a este
importante acontecimiento de la vida humana. La ciencia materialista no puede
hacerlo, puesto que en su intento de explicar todo racionalmente, considera que
la muerte corresponde al cese de un proceso biológico y a la desaparición
definitiva de la entidad consciente que se beneficiaba de dicho proceso. La
religión, por su lado, predica la existencia del alma y de la vida futura, pero
se pierde en conjeturas contradictorias sobre el cómo y el porqué de la
dimensión espiritual del hombre. 
En el interludio consciente que discurre entre el nacimiento y la muerte, el hombre
vive su destino tratando de soportar lo mejor posible las vicisitudes de la
existencia. Desde lo más profundo de su ser, aspira a la felicidad. Sin embargo,
no sabe dónde ni cómo encontrarla. La busca en los placeres que puede procurarle
su entorno material, pero la realidad cotidiana le demuestra que estos placeres
son efímeros y dejan siempre un gran vacío interior. Este vacío es la dimensión
del abismo existente entre el alma y el cuerpo en la mayoría de los hombres.
Precisamente, para que el hombre pueda reconciliarse consigo mismo, la Antigua y
Mística Orden de la Rosa-Cruz perpetúa desde hace siglos todo lo que la
filosofía mística y la ciencia espiritualista ponen a disposición de aquellos
que quieren dominar su vida y hacerla más conforme a sus aspiraciones.
|
Quiénes Somos Historia Rosa+Cruz
|
 |
| |
"Aprende a callar. Deja que tu mente muda escuche y absorba ".
Pitágoras
|
"Ad Rosam per Crucem ad Crucem per Rosam"
|
 |
| |
Orden Rosacruz, AMORC - G.L.E. C/ Flor de la Viola, P.170-171 "Urb. El Farell"
08140 CALDES DE MONTBUI ( BARCELONA) Telf.: +34 938.655.522
|
|
|